viernes, 15 de junio de 2018


Profesora de latín
Eso de que seas profesora de latín, he de confesarte, tiene su morbo. Sí, ¿qué quieres que te diga? Te imagino sentada sobre un sillón confortable, con las piernas cruzadas, vistiendo una falda oscura muy ceñida, y una blusa abierta hasta el "canalillo", a modo de escote muy sutil y femenino, al que asoma una tímida línea del sujetador azabache, que custodia... tu serena respiración. A medias entre las manos y sobre los muslos, tersos e impetuosos, descansa un viejo libro. La portada reza: La Eneida. De vez en cuando, generalmente al pasar la página, con el índice de la diestra, empujas hacia el entrecejo las gafas de pasta carmesí. Entre tanto, alguien te observa de soslayo, y suspira... como tantas veces. Tú, abstraída por la lectura de tan bello texto, mil veces hojeado, ignoras todo aquello que sucede tan cerca de ti.  
       
       


No hay comentarios:

Publicar un comentario